lunes, 28 de octubre de 2013
una de cal, y quince de arena.
Hay personas que dan una de cal y quince de arena. Y la cal puede ser muy buena, pero acaba enterrada por la arena. Y lo malo es cuando nos acostumbramos a esas cosas y les perdonamos todo; y nos enterramos en la arena buscando esa cal que nos mantiene a su lado. Pero llega un momento en que las paladas de arena duelen como bofetadas y las de cal parecen insuficientes. Y nos rendimos, pero extrañamos y volvemos a enterrarnos. Y así, hasta que ya no esperamos paladas de cal, ya no nos las creemos, ya no compensan. Y duele, y por mucho que intentemos avanzar siempre llevamos arenilla en los zapatos.
¿Serás capaz de sacudirte los zapatos? ¿De quitártelos y no volver a ponértelos? A lo mejor tienes que caminar descalzo un rato, porque lo malo de enterrarnos tantas veces buscando la cal es que a veces la convertimos en nuestro punto de apoyo.
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