Dormía abrazada a tu recuerdo todas las noches, y qué dolor más placentero. Saber que no estabas y aun así solo con pensar en ti ya me sentía un poco mejor.
¿Qué es lo que más duele; que te hayas ido o que ya no me importe que no estés? En el fondo, echar de menos tiene algo de bonito, una especie de esperanza o de recuerdo constante. Y recordarte siempre fue bonito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario