lunes, 7 de octubre de 2013
Tengo ya los nudillos cansados;
He aprendido que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y te sobran dedos. Que no todo aquel que te abraza te quiere, ni todo el que te quiere te abraza. Que las mentiras duelen más cuando sabías que eran mentiras y aún así te empeñaste en creerlas. Que confiar en una persona te expone al sufrimiento; que lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo. Que cuando estás mal es cuando descubres a quién de verdad vale la pena. Que cuando te equivocas lo peor no es la humillación, sino el no entender cómo pudiste ser tan ciega. Que da igual lo que te digan los demás, que solo escuchamos lo que queremos escuchar. Que ella puede ser muy zorra y él muy cabrón, y ninguno se merecerá que sufras por su culpa, pero no tendrás los huevos de no llorar por ellos esta noche. Que las apariencias engañan, que las penas vienen de dos en dos y que no siempre lo que queremos es lo mejor. Que no puedes dejar de pensar en él por mucho que lo intentes; que un clavo no quita otro clavo, solo consigue que sufras por dos clavos. Que echar de menos no siempre significa que quieras ver a esa persona. Que en la ignorancia somos felices, pero la verdad nos libera. Que el primer paso para que te quieran es quererte tú mismo, y que si no lo haces solo consigues que jueguen contigo. Que el alcohol maxifica los sentimientos y provoca la lágrima fácil, pero no crea cosas de la nada, y si lo sientes es porque está ahí, en algún rincón. Que llorar es demasiado fácil y reír demasiado complicado, pero que hay que ser muy valiente para exponer así tus sentimientos.
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