sábado, 2 de noviembre de 2013

¿Cómo sobrevives cuando ni la música te salva?

No hay nada más peligroso que estar al borde del abismo y aferrarte a una persona que se balancea tanto como tú. Cuando nos estamos aproximando a ese abismo buscamos desesperadamente a alguien que nos salve. No buscamos amor, compresión ni cariño, no; lo que buscamos es salvación. Respirar su oxígeno a través de esos besos en los que parece que dejamos un pedacito de nuestra alma. Y es que en parte lo hacemos. Como al abrazarnos, que nos agarramos como si quisiéramos fundirnos en uno solo. Y es que es eso lo que en realidad buscamos. Pero en nuestra desesperación solo nos encontramos con almas tan perdidas como la nuestra, y entonces ¿cómo van a salvarnos si no pueden salvarse a sí mismos? ¿Cómo vamos a ayudarlos si nunca hemos podido ayudarnos nosotros? En el fondo lo único que buscamos es alguien que nos abrace cuando nos rompemos y que no deje que se caigan los pedazos.

lunes, 28 de octubre de 2013

una de cal, y quince de arena.

Hay personas que dan una de cal y quince de arena. Y la cal puede ser muy buena, pero acaba enterrada por la arena. Y lo malo es cuando nos acostumbramos a esas cosas y les perdonamos todo; y nos enterramos en la arena buscando esa cal que nos mantiene a su lado. Pero llega un momento en que las paladas de arena duelen como bofetadas y las de cal parecen insuficientes. Y nos rendimos, pero extrañamos y volvemos a enterrarnos. Y así, hasta que ya no esperamos paladas de cal, ya no nos las creemos, ya no compensan. Y duele, y por mucho que intentemos avanzar siempre llevamos arenilla en los zapatos. ¿Serás capaz de sacudirte los zapatos? ¿De quitártelos y no volver a ponértelos? A lo mejor tienes que caminar descalzo un rato, porque lo malo de enterrarnos tantas veces buscando la cal es que a veces la convertimos en nuestro punto de apoyo.

lunes, 21 de octubre de 2013

Cualquier cosa que me aleje de ti, o que me pegue a tu piel hasta doler.

Drogas. O música. Una copa o una calada. Llorar hasta quedarme sin lágrimas o reír hasta perder el aliento. Gritar, cantar o susurrarte al oído, rozándote la piel. Dormir tres días seguidos o no acostarme en una semana. Besarte, comerte la boca, arañarte la espalda. Romper los recuerdos en mil pedazos o empapelar mi habitación con ellos. Cualquier cosa que me aleje de ti, o que me pegue a tu piel hasta doler. Nada de lo que digo o todo lo que nunca dije. Llegados a este punto, yo qué sé o qué sé yo. Algo que me salve o que termine de hundirme. Lo que sea, pero nada como lo que tengo. No más de esta mediocridad absurda, esta nada en calma, este dolor amurallado.

viernes, 18 de octubre de 2013

2.04 am

Por favor, que alguien me saque de aquí. Que alguien me salve de mí misma. Creía que era la vida la que me ahogaba, que eran los recuerdos los que apretaban sus manos alrededor de mi cuello... Pero me equivocaba. Era yo, todo el tiempo yo. Hundiéndome la cabeza en un recipiente de agua fría y sacándola con fuerza para poder respirar. Y así una y otra vez. Yo cavaba mi propia fosa y pensaba que eran los demás los que usaban las palas. Pero no, era yo todo el tiempo. En ocasiones, movida por la desesperación, hasta excavaba con las manos. Y ni siquiera me dolía. Y ahora el hoyo es lo suficientemente profundo como para no poder salir de él. Las manos alrededor del cuello, la cabeza en el cubo de agua, el fondo de este hoyo... Todo lo he hecho yo, constantemente. Sin pausa, sin esfuerzo. Y seguiré, seguiré haciéndolo hasta que ya no pueda más. Hasta que apriete demasiado las manos, hasta que no quite la cabeza a tiempo del cubo, hasta que no vea el final del hoyo. Yo ya no puedo hacer nada por mí. Me he rendido; como los cobardes, como los débiles. Pero sé que en alguna parte de mí hay algo que, por ahora, aún tiene ganas de luchar. Jamás creí que tendría que decir esto pero, por favor... ayuda. Que alguien me salve. Porque sola no voy a salir.

martes, 15 de octubre de 2013

Recordarte siempre fue bonito.

Dormía abrazada a tu recuerdo todas las noches, y qué dolor más placentero. Saber que no estabas y aun así solo con pensar en ti ya me sentía un poco mejor. ¿Qué es lo que más duele; que te hayas ido o que ya no me importe que no estés? En el fondo, echar de menos tiene algo de bonito, una especie de esperanza o de recuerdo constante. Y recordarte siempre fue bonito.

domingo, 13 de octubre de 2013

Cúrame de ti.

Cúrame de ti. Es lo justo, ¿no? Tú has sido mi adicción, y desde que me echaste de tu vida sufro el llamado síndrome de abstinencia. Lo duro no es estar sin ti, lo duro es saber que nunca estaré contigo. Pensar en ti era mi vía de escape en esos momentos en que la mierda que me rodea me empezaba a ahogar. Ahora pensar en ti presiona con fuerza en el pecho, ayudando a ahogarme. Y no puedo evitar en parte desear que la presión sea suficiente, que un día de esos consigáis ahogarme. Claro que tú no tienes la culpa. Pero si no puedo odiarte, ¿cómo voy a curarme?

miércoles, 9 de octubre de 2013

1ºB

Nunca son buenas noches porque nunca estás a mi lado. Con lo que me agobia a mí que me agarren mientras duermo, y cómo me agobia meterme en cama y no sentir tus brazos rodeándome. Te imagino abrazándome, susurrándome en la nuca medio dormido, sintiendo tu sonrisa en mi espalda... y se hace más patente tu ausencia. En esos momentos parece que la cama se hace más grande, y yo cada vez más pequeña. No me atrevo a cerrar los ojos porque temo soñar contigo, y al despertarme tener que afrontar otra vez que no estás. Creo que voy a dejar una llave debajo del felpudo, como en las películas americanas. Así cuando quieras entrar podrás hacerlo. Meterte en mi cama cuando yo ya esté dormida, y con solo una caricia conseguir controlar mis pesadillas. Puedes irte antes de que yo me despierte. Sales despacito y dejas la llave en su sitio. Te prometo que yo a cambio no diré nada. Fingiré que nada de esto ocurre, no te molestaré. Pero si te fijas notarás como por el día seré un poco más feliz, más fuerte. Los días no me parecerán tan malos si comparto las noches contigo, aunque ni siquiera esté despierta. Será nuestro secreto. Sé que no vendrás, pero yo voy a dejar la llave bajo el felpudo igualmente. Buenas noches, tú que puedes.

lunes, 7 de octubre de 2013

Tengo ya los nudillos cansados;

He aprendido que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, y te sobran dedos. Que no todo aquel que te abraza te quiere, ni todo el que te quiere te abraza. Que las mentiras duelen más cuando sabías que eran mentiras y aún así te empeñaste en creerlas. Que confiar en una persona te expone al sufrimiento; que lo peor de la traición es que nunca viene de un enemigo. Que cuando estás mal es cuando descubres a quién de verdad vale la pena. Que cuando te equivocas lo peor no es la humillación, sino el no entender cómo pudiste ser tan ciega. Que da igual lo que te digan los demás, que solo escuchamos lo que queremos escuchar. Que ella puede ser muy zorra y él muy cabrón, y ninguno se merecerá que sufras por su culpa, pero no tendrás los huevos de no llorar por ellos esta noche. Que las apariencias engañan, que las penas vienen de dos en dos y que no siempre lo que queremos es lo mejor. Que no puedes dejar de pensar en él por mucho que lo intentes; que un clavo no quita otro clavo, solo consigue que sufras por dos clavos. Que echar de menos no siempre significa que quieras ver a esa persona. Que en la ignorancia somos felices, pero la verdad nos libera. Que el primer paso para que te quieran es quererte tú mismo, y que si no lo haces solo consigues que jueguen contigo. Que el alcohol maxifica los sentimientos y provoca la lágrima fácil, pero no crea cosas de la nada, y si lo sientes es porque está ahí, en algún rincón. Que llorar es demasiado fácil y reír demasiado complicado, pero que hay que ser muy valiente para exponer así tus sentimientos.